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Parte II | Mi primera vez... en Londres

30 de marzo de 2017



Decía en la parte I de esta crónica de mi viaje a Londres que la ciudad, desde fuera, no me llamaba mucho la atención. La verdad que no estaba entre mis planes a corto plazo visitarla, pero el destino me hizo aterrizar allí y ahora sé por qué. Desde la primera vez que me sumergí en el metro (el más antiguo del mundo, por cierto) me di cuenta que aquel lugar tenía algo especial. Incluso sonreían cuando al preguntar de dónde veníamos escuchaban España. Toda esa impresión fallida que tenía desde casa se desvaneció estando allí porque me sentí parte del lugar, y eso es algo que sólo me había pasado en Barcelona. ¿Me hubiera quedado más tiempo? Posiblemente sí ☺︎

El miércoles teníamos la intención de comprar algo para desayunar y hacer un picnic en Hyde Park, que nos quedaba a dos calles de casa. Pero se nos hizo tarde, así que tuvimos que cambiar los planes y bajar a desayunar a la panadería más bonita que he visto nunca.  Teníamos la intención también de ir a ver el cambio de guardia al Palacio de Buckingham, pero estábamos tan a gusto, que preferimos disfrutar de ese momento. Ya tranquilamente (y con el estómago lleno) atravesamos Hyde Park dando un paseo bajo el sol hasta llegar a la zona del Palacio. Una de las cosas en las que más suerte tuvimos fue en el tiempo: no llovió ninguno de los cinco días que estuvimos allí, es más, la mayor parte del tiempo salió el sol. Imaginad ese paseo... no recuerdo nada igual. Esa tranquilidad, respirar aire puro y no pensar en nada más... espectacular. En Buckingham ya quedaba poca gente pues el cambio de guardia había acabado; así que sólo paramos para unas cuantas fotos, enterarnos de quién salía en esos momentos por los grandes portones y poco más.


Seguimos caminando por Green Park hasta llegar a la zona del Big Ben y la Abadía de Westminster, nuestra siguiente parada. Aquí también compramos la entrada por internet, aunque en este caso hay que hacer la misma cola tengas la entrada anticipada o no. Punto positivo que las audio guías son gratuitas, un alivio si vas algo cortito de inglés, porque por ejemplo, con el guía del tour de la Tower y su inglés cerrado, yo no me enteré de nada y acabé terminando la visita por mi cuenta. 

En nuestro planning para el tercer día, estaba también la obligatoria visita a Camden Town. Fue quizá de lo más surrealista del viaje. Llegamos a la zona más o menos a la hora de comer, y teníamos hasta media tarde para comer, pasear y descubrir la zona. Decidimos comer en Camden Lock Market, un mercadillo bastante escondido pero siempre repleto de gente. Después, y mientras paseábamos recorriendo puestecillos, hicimos la 'locura'. Durante la mañana nos habíamos dado cuenta de la cantidad de estudios de tatuajes que hay en Camden, y sí, decidimos hacernos uno. Después, de pasar por varios para comprobar la calidad, el tiempo y el precio, terminamos por completar la locura poco antes de partir hacia nuestra siguiente parada. No compramos nada material en Camden al final, pero nos llevamos un recuerdo en la piel para siempre ☺︎. 

Nuestra siguiente cita era a las 19.00 horas en Leicester Street. Teníamos contratado un tour nocturno "por el Londres actual" y he decir que esperábamos algo más. Normalmente no habíamos fallado con los tours para españoles que contratamos en otras ciudades y siempre suelen ser un gran acierto. Este, fue interesante por las curiosidades sobre la historia de Londres de las que nos enteramos, pero ni vimos nada que no pudieramos haber encontrado por nosotros mismos (o por donde ya hubieramos pasado) ni se correspondía con lo que vendían al reservar, empezando porque la cerveza en un "pub tradicional inglés" acabó en nachos con guacamole en un mexicano. Pero sí, gracias al tour pasamos por Covent Garden y disfrutamos de su música en directo. Ojo, que ahí empezó Adele. 

El jueves, penúltimo día de viaje, último completo en la ciudad, lo teníamos marcado en el calendario más incluso que los demás. Y es que todo el que sea futbolero entenderá que visitar Wembley, el estadio más grande del mundo y donde todo el mundo quiere jugar, es cuanto menos especial... Y no nos defraudó. Antes de ir teníamos dudas sobre si ir ahí, a Stamford Bridge o Emirates... ahora no tengo ninguna duda, si me preguntas: no te lo pienses, ¡Wembley es siempre la mejor opción!


Tras el subidón de Wembley acabamos en el Madame Tussauds. Aquí también hubo que hacer cola a pesar de llevar las entradas compradas por internet con antelación. Nos gustó bastante, yo aún sigo dándole vueltas a quién era de verdad y quién no; llegué a confudir a una estatua que hacía una foto con una persona de verdad y estuve más de cinco minutos esperando a que terminara para ponerme yo, hasta que me di cuenta de que no se movía... ¡pero es que son tan reales!


Después de pasar por casa de Sherlock Holmes, comer rápidamente cerca de allí y tomarnos nuestro reglamentario café en el Starbucks (no fallamos ni un sólo día al café de Starbucks, es más, algunos días tomamos hasta dos o tres; pero es que hay uno cada 100 metros, y tienta. Fue parada obligada, tanto para sentarnos un rato a descansar como para coger fuerzas y seguir andando) fuimos a Oxford Street a ultimar nuestros regalos. Aquello parecía la Gran Vía de Madrid en Navidad. Impresionante. Incluso fuimos testigo de algo que me llamó mucho la atención: la estación de metro de Oxford Street estuvo cerrada durante unos minutos para evitar avalanchas dentro, y más de cincuenta personas esperaban en las escaleras hasta poder pasar. Jamás había visto nada igual.


Esa noche compramos algo de cenar y nos fuimos a dormir. Y es que al día siguiente nos levantábamos a las 4.30 porque decidimos volver al aeropuerto en autobús para evitar transbordos en metro y buscar el tren. El national Express fue la solución, pasaba sobre las 5.27 por Paddington, muy cerca de casa, y su última parada era el aeropuerto de Stansted. Costaba 13 libras y tardó alrededor de una hora y media. 

RECOMENDACIONES
  • En cuanto llegues, lo primero que deberías hacer es sacar la Oyster Card. Se puede conseguir en cualquier máquina de las estaciones de metro, la misma que para sacar el billete y la puedes cargar con el dinero que quieras porque cuando termines tu viaje y la desactives te devuelven el restante y también las cinco libras de fianza. 
  • Nosotros utilizamos el tren para ir del aeropuerto a Londres, porque era más barato, más fácil de encontrar, más rápido y también más constante (pasa cada quince minutos). Lo malo es que luego tienes que coger el metro para llegar a tu destino. Para volver decidimos hacerlo en autobús, como he explicado un poco más arriba. 
  • Muy importante, si compras las entradas por internet, imprímelas. En sitios como la Tower of London, el Madame Tussauds o la Abadía, es imprescindible llevarlas impresas. Nosotros tuvimos que buscar algún sitio para imprimirlas allí y fue bastante odisea. 
  • Contrata un free tour para conocer la ciudad. Son asequibles en cuanto a precio, los hay sólo para españoles y son un buen recurso para conocer la ciudad rápido y con fundamento. Aunque a nosotros el nocturno no nos gustó demasiado. Además, en una semana al menos, no da tiempo material a verlo todo. Lo que nosotros hicimos fue hacer un planning previamente y contratar un tour en el que 'nos quitáramos' en unas horas varios sitios. Por ejemplo, no incluimos en nuestro planning ni Covent Garden, ni Chinatown, ni el Soho porque entraban con el tour. Así el resto del tiempo lo empleamos en visitar otros lugares. 
  • Haz un planning. Es impresdincible planificar el viaje expresamente antes de ir. Londres es muy grande y no da tiempo a verlo todo, si encima vas sin haberlo organizado antes vas a perder mucho tiempo y acabarás viendo menos de lo que podrías. 
  • Sobre el cambio de moneda sigo sin saber qué es mejor. Nosotros decidimos hacerlo en el aeropuerto, y acabamos perdiendo dinero igual con el cambio, las comisiones, etc. 
  • Si vas con niños (y sino, también) tienes que parar en Hamleys, en Oxford Street. Es una juguetería que me recordó muchísimo a la película 'Mr. Magorium y su tienda mágica'. Es mágica de verdad. 
  • Leí que los mejores meses para viajar a Londres eran Enero, Febrero y Marzo, porque hay menos masificación. Yo fui en marzo y he de decir que lo noté bastante. Excepto en sitios concretos, no hicimos colas de más de veinte minutos en ningún sitio y pudimos caminar, comer, ojear, etc., sin problema donde y cuando quisimos. 

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