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Mi nueva vida

8 de febrero de 2018






Hace ocho años que me lancé a escribir. Ocho años desde que me hice este blog que ha ido evolucionando conmigo a la vez que lo hacía toda mi vida. Realmente, era el reflejo en digital de lo que había hecho desde siempre: escribir. Contar historias. Cuando era pequeña escribía un diario. Ya desde entonces tenía mil y una libretas en las que contaba cosas, algunas sin sentido y otras que me gustaría poder releer hoy. No se lo dejaba a nadie porque me daba vergüenza. Es algo que me sigue pasando; aún no se me ha quitado ese miedo a mostrar mis cosas a los demás, a exponerme. De hecho, ya en aquel momento me escondía detrás de mi madre para no tener que saludar o dar besos cuando nos encontrábamos con alguien por la calle. Siempre he sido más de escribir que de hablar.

Estudié periodismo empujada por mi deseo de seguir escribiendo. Lo hice cuando las hojas de mis libretas se llenaban de crónicas de los partidos de fútbol que veía los fines de semana. Me hacía ilusión verlas publicadas. Sin embargo, mis inicios en la carrera profesional me llevaron a la televisión. Ahí no se leían mis palabras, se veía mi cara. Y era algo complicado para mí, que casi deseaba poder volver a esconderme detrás de mi madre. Me superé, contra todo pronóstico, y durante dos años mi cara salió diariamente en la televisión poniéndole voz a esas crónicas que antes habían sido tinta en el papel. Mis abuelas, orgullosísimas; disfrutaron como nunca esperando cada día la hora en la que sabían que podía salir.

Creo sinceramente que la vida me ha ido poniendo delante retos y oportunidades que me han hecho crecer. Hay que saber qué trenes coger y también hay que lanzarse cuando se te ponen por delante. Yo nunca me he arrepentido de las decisiones que he tomado. Todas me han enseñado a ser quien soy hoy. Jamás me habría imaginado hablando con un micrófono en televisión, pero lo hice. Los que me conocen no se lo creían y los que sabían que me pongo roja al hablar en público, abrían la boca de sorpresa cuando me colaba en su casa a la hora de comer.

Me decían que no se me daba mal. Con el paso de los meses iba expresándome mejor y fueron confiando en mí para retos cada vez más importantes. Pero he de reconocer que no acabé de cogerle el tranquillo. Siempre me sentía muy realizada después del trabajo pero nunca terminé de disfrutar el proceso. El miedo y la tensión nunca se fueron y me paralizaban bastante. Esa rapidez no me representaba y necesitaba parar, ir más despacio. Profundizar en mi interior para saber si de verdad estaba haciendo lo que más me gustaba. Disfrutaba del fútbol, de las entrevistas, de los descubrimientos que a veces hacía y quería pensar que era feliz. Pero dentro de mí algo me decía que eso no era todo. ¡Cómo iba a acabar ahí mi carrera profesional si era lo único que había hecho! Esa era mi vida momentánea pero cuando me preguntaban ¿cómo te ves dentro de cinco años? No era ahí. Era delante de mi ordenador, creando y contando historias. Haciendo eso que hacía desde pequeña antes de dormir, lo que siento que me llena y me hace sentir realizada. Podría haberme quedado ahí, en la tele, en la comodidad de un buen trabajo cerca de casa y dinero mes a mes en el banco. Pero la realidad es que mi impulso, el que me empujó a abrir este blog hace ocho años, me decía que cogiera otro camino. Uno que es mucho más difícil y menos cómodo, el que no te asegura un trabajo fijo ni un sueldo a final de mes, pero que en el fondo de ti – sin todo eso – te hace más feliz.

Y después de mucho leer, de indagar en mi interior para conocerme mejor y de buscar qué podía hacer yo para dejar huella en el mundo, nació Versanalidad. Un proyecto personal que tiene mucho de mí: la versatilidad que me da la comunicación, mezclada con un poquito de mi esencia y la intención de ser de utilidad para los demás. Es un lugar donde voy a contar mi experiencia y plasmar ideas, recomendar para inspirar y, por supuesto, tendrá muchos, muchos libros. Os espero allí, con mis historias, para seguir soñando juntos, ¡muy pronto!

¿Has tenido alguna experiencia parecida? ¡Me harías muuuy feliz si me me la cuentas aquí abajo!  

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